¡Levántate, amigo mío! Sacúdete las cadenas del sueño nebuloso.
En tus músculos hay fuego; en tus pensamientos, primavera.
La pereza es solo un fantasma que se desvanece bajo la mirada del creador,
Yo avanzo hacia este día sin cambiar el semblante.
Aunque la apatía susurre: «Ríndete, túmbate y duerme»,
Encenderé en mi corazón fuegos vivientes.
Cada paso mío es una oración, y mi sudor, un altar;
¡Soy dueño de mi destino, soy mi propio soberano!
En tus músculos hay fuego; en tus pensamientos, primavera.
La pereza es solo un fantasma que se desvanece bajo la mirada del creador,
Yo avanzo hacia este día sin cambiar el semblante.
Aunque la apatía susurre: «Ríndete, túmbate y duerme»,
Encenderé en mi corazón fuegos vivientes.
Cada paso mío es una oración, y mi sudor, un altar;
¡Soy dueño de mi destino, soy mi propio soberano!
Recuerda lo que decía Arnold: «La autocompasión es veneno». Pero añade a ello la misericordia de Buda: no te reproches la impotencia de ayer. Simplemente empieza a moverte ahora. Dios no mira cuánto tiempo estuviste tumbado; mira con qué decisión te levantaste.