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Relato
LA PUERTA
Autor:
Serguéi Veretennikov
LA PUERTA
Autor:
Serguéi Veretennikov
A veces, en la ciudad, de repente todo se vuelve más silencioso de lo habitual. Las farolas permanecen erguidas como guardianes, pero su luz no oprime: susurra...
Caminas por una calle conocida y sientes que bajo el asfalto hay un sendero antiguo. No todos pueden verlo. Porque ese sendero es únicamente tu Camino.
A la izquierda deslumbran los escaparates, a la derecha gritan los letreros, pero sigues adelante, como si entraras en el portal de tu Experiencia Antigua, de tus vidas pasadas, que no recuerdas, pero sabes que existieron...
De pronto se abre un estrecho pasaje, como si alguien hubiera dibujado una puerta invisible en el aire. No hay carteles ni anuncios estridentes: «inscripciones abiertas, iluminación en tres días, solo con nosotros...».
Durante mucho tiempo pensó que buscaba una Escuela.
Visitaba sitios web, leía libros, escuchaba a maestros, y todo parecía una puerta bellamente dibujada tras la cual... no podía verse a Sí Mismo. O no era la vibración adecuada, o había demasiadas palabras, o demasiada gente alrededor de un gurú al que llevaban como a un icono. Y en algún lugar de su interior había un sentimiento extraño, no muy cómodo: «Aún no me han llamado». Como si Aquel que Debía Llamarlo aún guardara silencio...
Pero hoy, en este Silencio, bajo esta luz de las farolas, vio precisamente esa puerta tras la cual podía imaginarse a Sí Mismo.
Dentro no hay nadie excepto la Luz.
Y aquí existe un sentimiento impreciso: no has venido a alguien, has venido a Ti Mismo. Has venido a Casa.
Te esperaban aquí porque la Fuerza ya te había elegido.
No es un lugar en el mapa ni un curso de 21 días.
Es como si, en lo más profundo del universo, alguien hubiera pronunciado una vez tu nombre, y el sonido, como una vibración en una cueva antigua, hubiera estado volando hacia ti todo este tiempo, desde el momento de tu nacimiento.
Y tú vivías todo ese tiempo mientras la llamada volaba hacia ti.
Solo hacia ti.
Y entonces, de repente, te alcanzó...
Comenzaste a reconocer este Lugar.
Esta es la Escuela.
Aquí no escriben con tiza en la pizarra el nombre del Maestro.
Lo recuerdan profundamente dentro de Sí Mismos.
Aquí el maestro no es una persona.
Nadie dirá: «Siéntate más derecho, paga una donación, aquí tienes un mantra»...
Este maestro empieza a hablarte en el estremecimiento entre la exhalación y la inhalación, en ese diminuto instante de la Vida donde para la mayoría de las personas no hay nada, y para unos pocos están las Puertas hacia la Vida.
Y ahí estás tú, entre los elegidos: primero asomándote más allá de esas Puertas y luego encontrando el valor para entrar en esta Puerta invisible...
Por la tarde, cuando la luna se eleva sobre los tejados, redonda y atenta, de pronto distingues en tu interior un fuego silencioso.
No el que quema, sino el que vuelve transparente el espacio, como el aire de montaña al amanecer. Sube desde abajo, vértebra tras vértebra, y en cada vértebra parece sonar una pequeña campana.
Y ahora ya no eres una persona, sino el repique en la torre más alta del Ser...
Y comprendes que todo este tiempo has vivido con los ojos cerrados.
Pero desde este instante todo comienza a resplandecer.
Incluso las cosas corrientes resplandecen.
Caminas por la calle y el espacio está ligeramente iluminado desde dentro.
Las mismas casas, las mismas personas, la misma tienda de pan con su cajera cansada...
Pero parece que el mundo ha subido medio tono.
Los sueños dejan de ser basura del subconsciente: se convierten en hermosos dibujos, cartas de Amor, postales de felicitación...
El mundo deja de ser fruto del azar.
Piensas: «¿Y dónde está el libro? ¿Dónde están las instrucciones? ¿A dónde debo pagar para que me den acceso al curso?», y enseguida notas que tu palma se dirige por sí sola hacia el pecho, como si abriera una página invisible. En ella hay una sola línea, una única palabra: «Respira».
Por la noche la luna se vuelve más cercana. Parece que, si extendieras la mano, tocarías su luz áspera. La plata de su rostro es como el sello de tu Diploma: has completado todos los cursos del mundo.
Todo sigue como siempre, pero tú ya eres otro.
El mundo entero se ha convertido en tu Escuela.
Los encuentros se convierten en lecciones.
Aprendes al relacionarte: con el taxista hablador, con el niño del parque que te observa atentamente, con la mujer malhumorada de correos...
Cada uno parece portar una letra de la gran Palabra.
Que debes leer.
Pero no ahora, sino cuando llegue el momento.
El Silencio se convierte en voz.
Te sientas y «no ocurre nada», pero dentro alguien muy antiguo y muy tierno susurra sin palabras: «Sí. Correcto. Muy bien. Continúa».
Elegiste esta Puerta.
Elegiste este Fuego.
Te convertiste en uno de los que vinieron Aquí.
Pero otros huyen de este FUEGO.
Porque el fuego no solo calienta: quema todo lo superfluo.
Pregunta: «¿Y esto es tuyo? ¿Y esto? ¿Y este resentimiento del año pasado? ¿Y esta culpa por la discusión de ayer? ¿Y esta costumbre de ser infeliz? ¿Y este papel de maestro que tanto te gusta?»...
Y a muchos les da miedo. «¡No, no, mejor hagamos una meditación para la suerte y el dinero! ¡Mejor iluminación en 3 días! ¡O un mantra por mil rublos!»...
Y otros se disuelven en este Fuego y se convierten en Luz.
Los abraza como un Ser Amoroso, en cuyos brazos olvidas todo lo que existe.
Y recuerdas únicamente a Ti Mismo.
Es como una madre que despierta a su hijo: «Levántate, ya ha amanecido, ¿por qué duermes en un mundo donde se puede volar?»
Y quienes huyen de este Fuego aún tendrán tiempo de regresar. El mundo no cierra sus puertas a nadie: simplemente sabe esperar. Y quienes encontraron su Puerta se disuelven en las llamas como la nieve en abril.
Pero no desaparecen.
Los volveréis a ver mañana, aunque serán apenas un poco diferentes: un poco ingenuos, un poco graciosos, un poco silenciosos.
Caminan por las calles y no predican, porque la Luz Verdadera no convence. Simplemente existe, simplemente espera.
Y al encontrarte con ella, comprendes de pronto: la Escuela está aquí, a un paso de ti, en el corazón, en la pausa entre las inhalaciones.
El Maestro habla cuando por fin empiezas a escuchar.